lunes, 7 de marzo de 2011

Concurso en Hojas Mágicas


Woooolaaaaa!

Bueno, como va siendo habitual... (jejeje) dejo aquí otro maravilloso concurso desde el blog Hojas Mágicas. El premio no es, nada más ni nada menos, que un ejemplar de Percy Jackson y El Ladrón del Rayo.

Para participar solo deben cumplir con algunas cosillas que pueden leer desde la propia fuente, haciendo clic aquí.

Suerte a todos!

Capitulo 51


La habitación donde mantenían al Cartero era el sótano de la casa. Los Dhampirs de la guardia de Abe lo habían encadenado a una silla empotrada al piso, por lo que el Moroi estaba completamente inmovilizado. Al verme bajar por las escaleras comenzó a reír de un modo que rayaba en la histeria. El tipo parecía fuera de control.

- Bueno. Parece que nuestro compromiso se cancela, cariñin. –Pudo decir entre carcajadas- Una verdadera lástima. Estaba completamente seguro de que el vestido de novia te hubiese quedado a la perfección.  

- Sí. No te haces una idea de lo muy apenada que estoy por nuestra ruptura –dije sarcásticamente una vez que había alcanzado el piso del sótano.

Parte del grupo estaba instalado al fondo de la habitación, de frente al Cartero, y los que aún faltaban por llegar estaban bajando ya  por las escaleras. Esta reunión era para todos los de la casa.

El Cartero repasaba la cara de todos, con una mirada desesperada.

- No hay manera de que te libres de esto –dije, acuclillándome frente a él para poder mirarlo a los ojos- Y es mejor que hables por las buenas, Yuri –lo piqué, ganándome una mirada de odio por utilizar su verdadero nombre-, sí no quieres que nos veamos en la penosa obligación de utilizar medios persuasivos que involucran mucho dolor, magulladuras, trisaduras… y puede que uno que otro mutilamiento.

- No sé de que hablas –dijo él, mirando hacia la escalera que se encontraba ahora despejada.

- Venga, no te hagas el desentendido ahora –Abe se acercó desde atrás para quedar a mi lado, mirando al Cartero desde lo alto- Sabes muy bien de lo que estamos hablando.

- En tu infinita arrogancia, hace unos días, nos entregaste demasiada información. Creyendo en que tus planes y actos no serían desbaratados ahora sabemos la mayor parte de tus intenciones de reformar la Corte, la realeza y el mundo de los Morois y Dhampirs – agregué, observando con detenimiento el tic del musculo de su mandíbula.

- No voy a decir nada más –fue su respuesta.

- Creo que no has entendido cuál es tu situación… - Dijo Abe, paseándose frente a la silla- No estás en posición de negarte. Lo has perdido todo: Tu dinero, las influencias, tu sequito. No queda nada. No tienes nada. Nada, salvo tu patética vida. Así que ahora… -Se inclinó sobre el Cartero- vas a ser un buen Moroi y nos vas a contar quien es tu cómplice en todo esto. Quién es la persona que está infiltrada en la Corte.

El Cartero se limitó a regresarle la mirada. Su cuello estaba tenso y era visible en su rostro la agitación y la furia que estaba experimentando.

- No hagas las cosas más difíciles. Habla de una vez por todas y ahórranos unos cuantos minutos de tedio a todos, ¿quieres? –propuse, poniéndome de pie y retrocediendo para ubicarme más cerca de mis amigos.

- ¿Qué van a hacer conmigo si decido decirles quien más está implicado en todo este asunto? –preguntó mirándonos a todos, buscando la respuesta.

- Llevarte a la cárcel –Contestó Dimitri, desde la pared en la que se encontraba observando-. Eso es lo que haremos.

- ¿Y qué pasa si prefiero morir antes que ser encerrado en una asquerosa celda? –El Cartero levantó la barbilla con toda la obstinación y posible dignidad que le que quedaba.

- La muerte no es una posibilidad para ti. Eso sería demasiado fácil. –Dijo Abe.

- Vamos, muchacho. Tarasov no es tan malo cuando te acostumbras –Acotó Victor con una pequeña sonrisa conciliadora, ubicado en un rincón observando la sesión de interrogatorio junto a Robert- ¿A quién quiero engañar? –Dijo un segundo más tarde-. Tarasov es el peor lugar para un Moroi. Pero es verdad que puedes terminar acostumbrándote a ello. ¿No te consuela de algún modo eso? – Le preguntó, sonriendo de modo un poco escalofriante.

- Bien, bien. Gracias por el… amable comentario, Víctor –dije, mirando en su dirección.

- No hay de que –dijo él.

- Esto es muy simple – Me acerqué de nuevo al Cartero, inclinándome hacia él para mirarlo- Si no quieres hablar por tu propia voluntad, hay muchas otras maneras de hacer que nos cuentes cuáles son tus socios en América.

Mientras Lissa me había guiado a su habitación para que escogiese ropa, lo habíamos estado hablando. Anticipando los muchos escenarios que podríamos encontrar en la interrogación. Sobre todo, el factor negación al que nos enfrentaríamos por parte del Cartero.

El Cartero me regresó la mirada y dijo:

- Zorra.

Luego hizo algo muy poco conveniente en su situación: Intento escupirme a la cara. Por suerte fui lo suficientemente rápida como para hacerme a un lado, dejando que la saliva cayera en el piso a unos pocos centímetros de donde me había encontrado segundos atrás.

Dimitri fue aún más veloz para moverse desde su puesto y asestarle un puñetazo en la boca al Cartero. Le dio tan fuerte que la cabeza del Moroi rebotó hacia atrás.

- Vuelve a intentarlo otra vez, imbécil, y el golpe que acabo de darte parecerá una palmadita amistosa en comparación –dijo Dimitri en un tono amenazador, sujetando al Cartero del cuello de la camisa para mantenerle el rostro fijo al nivel de sus ojos.

Le di a Dimitri una pequeña sonrisa y luego me volteé a ver a Lissa.

- Liss… ¿Podrías hacer los honores?

Lissa sonrío a su vez, muy contenta, y caminó hacia la silla mientras Christian le soltaba la mano y la observaba sin entender.

- Lissa nos va a ayudar a solucionar nuestro pequeño inconveniente de falta de comunicación. Un poco de presión mental no vendría mal, ¿verdad?- di una mirada a todos los presentes, verificando que entendiesen a que me refería- Liss va a ocupar algo de Compulsión para hacer hablar a Yuri.

Algunos de los Dhampirs de la guardia de Abe no lo vieron con muy buenos ojos, pero el resto, los que conocían a Lissa desde hace mucho, se limitaron a asentir con la cabeza y seguir con la mirada lo que Lissa hacía.

Mi amiga se inclinó sobre la silla del Cartero, para poder mirar al Moroi.

-Mírame –dijo con un tono imperativo.

El Cartero giró la cara hacia un costado.

- No

- Mírame –ordenó ella otra vez, con más énfasis.

- ¿Me crees estúpido? –preguntó el cartero, manteniendo la cabeza hacia el lado y con los ojos firmemente cerrados.

Nikolay se posicionó a espaldas del Cartero, sujetándolo con un brazo alrededor del cuello y con el otro sujetando la frente del Moroi, a modo de mantenerlo mirando hacia el frente.

- Abre los ojos, maldito –dijo el Dahmpir.

- Podríamos pegarle cinta adhesiva en los parpados… algo parecido a la película de la Naranja Mecánica cuando le lavan el cerebro a ese humano… -propuso Adrian desde su puesto.

- Abre los ojos… y mírame- Lissa ahora utilizo una voz más profunda… como un arrullo. Hasta yo sentí deseos de mirarla

El Cartero se removió en su puesto, forcejeando con el agarre de la silla y los brazos de Nikolay, pero abrió los ojos lentamente, como si estuviese luchando consigo mismo para resistirse a las palabras de Lissa.

- Mírame… y sigue cada instrucción que te dé -dijo mi amiga con calma, pronunciando cada palabra con deliberada precisión.

Por fin el Cartero la miraba a los ojos, como perdido en el mar.  A la deriva de donde las palabras de Lissa lo llevaran.

- Esa es mi hermana… -el tono alegre y orgulloso de Alexander se escuchó a nuestras espaldas. Le estaba codeando el estomago a Eddie, quien lo miraba divertido a su vez.

Lissa se giró para darle una mirada complacida, con las mejillas ligeramente sonrosadas.

- Ejem… -carraspeé.

Lissa sonrió a modo de disculpa y se puso a trabajar otra vez.

- Ahora… Vas a decirme quien o quienes son tus cómplices en el plan de desmoronar la realeza Moroi.

- En América… -murmuró el Cartero.

- Sí. En América –afirmó Lissa-. Dime quien te apoya desde América.

- Iris Kane –dijo el Moroi.

- ¿La abogada? – pregunté acercándome a ellos.

- Si.

Maldita bruja. Sabía que la mujercita esa no era de los trigos limpios. Tan empeñada en lograr que me ejecutaran.

- Pregúntale en qué se supone que lo ayuda ella –le pedí a Lissa.

- ¿Cuál es el papel de Iris Kane en el plan? –dijo Liss, concentrada en mantener a Yuri bajo el poder del Espíritu.

- Ella se encarga de la parte legal de la transformación de la realeza. Cambiar leyes y bases. Ella junto a un equipo de abogados bajo su mando. Esta encargada de coordinar y lograr formalizar las modificaciones de nuestra nueva realeza…. Un mero asunto de tapaderas, en realidad.

Bien. Esa información era buena y útil, pero no suficiente. Tenía que haber más gente involucrada.

- ¿Tuvo ella algo que ver con la muerte de Tatiana? – preguntó Dimitri, dándome una mirada intercalada.

Lissa también me miró, sabiendo a que se refería Dimitri con la pregunta. Éste era el momento para averiguar si en realidad, en todo el complot que el Cartero y sus secuaces habían organizado, se encontraba el responsable de la muerte de la reina. Cosa que era lo más probable, y que, de pasada, nos ayudaría a Adrian y a mí a quedar libre de culpa en el asesinato del que se nos sabía condenado.

- ¿Fue Iris Kane la responsable de la muerte de la reina Tatiana? – Lissa dijo.

- No –fue la respuesta del Moroi, con sus ojos nublados y perdidos en los de Lissa.

- ¿Quién más está involucrado? –preguntó entonces Abe.

Lissa repitió la pregunta y el Cartero comenzó a una pequeña lista de nombres de personas participantes en su plan. La lista iba sin orden de importancia, es decir, que el Cartero nombraba gente que ayudaba desde el transporte que habían contratado para hacer fráudalosos envíos hasta el Moroi al que le había encargado realizar la reunión informativa semanal en América.

- ¿Quién más? –preguntó Lissa por decima vez.

- Nathan Ivashkov –recitó el Cartero con voz mecánica.

-¿Quién? –preguntó mi amiga, con un tono desconfiado.

- Nathan Ivashkov –volvió a decir el Moroi.

Para ese minuto todos en la sala habíamos quedado como en “pausa”.

Adrian avanzó hasta la silla y dijo en tono bajo.

- ¿Qué ha hecho Nathan Ivashkov?

El Cartero no contestó. Solo se vio confundido, mirando de Lissa a Adrian, como si no supiera a quien obedecer.

- ¡He dicho que hables! – Adrian se cernió sobre el cartero, zarandeándolo por los hombros.

- Adrian, no –pidió Lissa-. Estoy ejerciendo demasiado Espíritu sobre él. Por eso no contesta. Deja que yo le pregunte – Lissa le retiró una de las manos y esperó a que Adrian sacase la otra.

Me acerqué y tomé con cuidado a Adrian de un codo, para atraerlo conmigo un par de pasos más atrás de distancia. Adrian se llevó una mano al cabello, en un vano intento por acomodarlo y luego metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón, adoptando una de sus poses típicas de indiferencia.

- Adelante, primita. Has lo tuyo –dijo, mirando al Cartero.

- ¿Qué ha hecho Nathan Ivashkov? –preguntó Lissa un par de segundos después.

- Mató a Tatiana y es mi principal apoyo en América.

- Oh por Dios… -murmuró Lissa, tapándose la boca con una mano y mirando horrorizada.

Los demás murmuraban y daban fugaces miradas en dirección a Adrian, esperando a que el chico se volviese loco de un minuto a otro.

- Adrian… -intenté acercarme para ofrecerle apoyo.

- No –dijo él, levantando una mano para que me quedara donde estaba- Tranquila, estoy bien – Sonrío de un modo tan poco real que me hizo sentir una punzada en el pecho- Después de todo, ya sabía que el viejo era escoria, ¿no?... Aunque nunca pensé que pudiese ser una mierda completa.

- ¿Por qué te ayudó Nathan? –dijo Lissa. Yo podía leer en su mente que ella esperaba que el Cartero lo hubiese manipulado de algún modo, obligándolo a para participar en su plan. No lo hacía por resarcir al padre de Adrian, sino que lo hacía por el propio Adrian que no merecía tener un padre así. Yo esperaba lo mismo, y por las mismas razones.

- Él quería ser el próximo rey de la realeza Moroi. No me costó convencerle de que la única posibilidad de ser rey era matando a la reina y que yo tenía el plan perfecto para que ambos gobernáramos. 

- Pero estoy seguro de que el Cartero no iba a cumplir con su palabra… -dijo Abe a pocos pasos de la silla de interrogación.

- ¿Ibas a cumplir con tu palabra de cogobernar? –le preguntó Lissa.

- Solo por unas semanas. Hasta que yo fuese transformado en Strigoi. Luego no lo necesitaría.

No había que ser un genio para comprender que el Cartero pretendía acabar con la vida de Nathan una vez fuese Strigoi.

- Pregúntale si mi madre también les está ayudando –pidió Adrian, con voz tensa y el rostro hecho una máscara.

- ¿Daniella Ivashkov les ha ayudado? – dijo Lissa.

- Indirectamente. Ella ha firmado sin leer algunos papeles que Nathan le ha entregado. Papeles que certifican su apoyo para un cambio de gobierno.

Me imaginaba que muchos miembros de la realeza habían firmado papeles similares en igual desconocimiento del contenido.

Me giré hacia Adrian para verificar como se había tomado la información.

Él se veía claramente más relajado al saber que su madre no era culpable de nada más que de la ignorancia de los actos de su marido.

- Que maldito… -dijo Adrian, soltando un sonido entre carcajada y bufido- Mi padre dejo que te inculparan… que nos inculparan, y no hizo nada –sonrió con ironía y movió la cabeza- Un maldito viejo lleno de mierda.

Lissa dejó transcurrir unos minutos antes de seguir interrogando al Cartero por más nombres, esperando a que todos nos recobráramos de la impresión, pero el Cartero ya no tenía más nombres que dar.

Me acerqué a mi amiga y tomé parte de la carga negativa que la estaba rodeando a causa de tanto uso del Espíritu. Dejé fluir una parte de esa energía hacia mí y respiré hondo, discretamente.

- Muy bien, Lissa. Ahora déjalo ir –la insté para que cortara el influjo de Espíritu sobre el Cartero.

- Bien- Ella se alejó poco a poco del Moroi y éste fue recobrando el dominio sobre sí mismo.

- Bruja –le gritó el Cartero cuando fue plenamente consciente de que algo le había ocurrido- ¡Me obligaste a hablar, maldita bruja!

- Eso pasa cuando no eres una persona comunicativa, Yuri –dijo Abe, acercándosele.

- Me las van a pagar, ¿Me oyen? ¡Todos! –Miró a todos los que allí estábamos, como si pudiese gravarse el rostro de cada uno en la memoria para luego someternos a su lista de venganza, o como si pudiese achicharrarnos con la mirada.

- Ya veremos –dije- Tal vez desde Tarasov hagan vendettas a domicilio.

- No –Victor negaba con la cabeza- Ese tipo de servicios aún no pueden encargarse desde la cárcel.

- Oh… -Suspiré, mirando al Cartero con fingida cara de tristeza y un puchero en los labios- Pobre Yuri… Tendrás que esperar a pagar tu condena.

- Ya basta –dijo Abe, aunque su rostro reflejaba que le causaba gracia lo que había dicho-. Déjalo ya, Rose.

- Bien…

- De acuerdo, muchachos –llamó Abe, pidiendo atención y acomodándose la vistosa bufanda que llevaba al cuello- Tenemos media hora para desocupar la casa y salir del país. Un grupo irá con Rose a América y el otro grupo vendrá conmigo para entregar al Cartero.

- ¿No vienes con nosotros? –preguntó Christian, acariciando inconscientemente el hombro de Lissa, a quien ya tenía medio abrazada.

- No. Es mejor que nos dividamos ahora. Pero una vez haya entregado al paquete –le dio una mirada rápida al Cartero con una pequeña sonrisa- me reuniré con ustedes en la Corte.

- Lo mejor será apresurarnos, entonces –dije, comenzando a caminar hacia las escaleras.

- ¿Qué hay de estos dos? –dijo Eddie, señalando a Victor y a Robert - ¿No deberíamos de aprovechar y entregarlos?

- Es cierto – dijo Mía a su vez- Si Abe va a Tarasov, debería llevárselos a ellos también. Digo, aprovechar el viaje, ¿no?

- No es una mala idea… -dije, considerándolo.

- No es una mala idea –repitió Victor- ¡Es una pésima idea! Les somos más útiles libres que encerrados. Al menos por ahora.

Eso también era correcto. Además, Robert y Alexander estaban conectados ahora.

- Se quedan con nosotros… por ahora -anuncié, dándole una mirada severa a Victor.


El grupo comenzó a subir, llevándose a un maniatado Cartero. Me quedé hasta el final, acompañada de Dimitri.

- ¿Lista para regresar a América? –preguntó, acercándose a mí.

- Más que lista –contesté.

Dimitri acercó su mano a la mía y entrelazo los dedos, guiándome hacia las escaleras para seguir a los demás.
Miré nuestras manos unidas y sonreí, sintiéndome feliz en ese momento.

Lo nuestro no estaba arreglado ni por asomo. Aún había mucho de qué hablar, pero al menos, así, tomados de las manos, las cosas parecían mucho mejor.

Estábamos a poco de regresar a América, y  la vida de muchos estaba por cambiar. Los secretos saldrían a la luz por fin y Adrian y yo teníamos la oportunidad de no acabar prófugos de por vida o de frente contra una pared.

La vida estaba comenzando a ser amable con nosotros otra vez.


jueves, 3 de marzo de 2011

Concurso de Dormir Cansada

Otro concurso traído desde el blog Dormir Cansada.



Es un concurso internacional con motivo de celebración del blog y su tiempo de vida. Es por lo que todos pueden participar, siempre y cuando, cumplan con algunas cosillas que se necesitan. Nada difícil,  así que solo queda la opción de participar  =)

Para conocer las bases pueden apretar aquí, o en la imagen más arriba, y ver con sus propios ojos de que se trata.

Mucha suerte, y a participar!

Concurso por un libro de la HDN



Y como ya ve siendo costumbre (jejeje) les dejo a las/os interesadas/os un concurso organizado por el blog de Kroana, que tiene por premio un ejemplar de Amante Oscuro (el primer libro de la saga de la Hermandad)

Para participar solo deben cumplir con algunos requisitos. Para mayor información pueden ver su blog AQUI

Suerte, y anímense!

miércoles, 16 de febrero de 2011

Concurso en nombre del amor...


Hola a todos! Les traigo un concurso del blog Hojas En Blanco. Si. Lo sé. Estoy un poco desfasada con la fecha de San Valentin, pero... bueno. Es el mes de amor!!!

Los chicos del blog organizaron una novedosa forma de celebrar el día del amor mediante la creación de un relato corto u/o imagen que exprese, de algún modo, ese maravilloso sentimiento que mueve montañas.
Para más detalles, hacer clic aquí.

A mi me ha encantado la idea. A ver si alguno más se anima a participar.

jueves, 10 de febrero de 2011

Capitulo 50



A la mañana siguiente el olor a café y a donas me hizo pegar un brinco en la cama y arrancó un gruñido de mi estomago.

El día anterior prácticamente no había sentido apetito. Había estado demasiado ocupada asimilando el estar de regreso, sana y salva, junto a mis amigos, como para pensar en comida. Pero hoy era un día distinto y mi cuerpo estaba más que preparado para hincarle el diente a lo que me pusieran por delante.

Mi bandeja de desayuno venía acompañada de alguien a quien no esperaba encontrar sino hasta una hora más tarde, por lo menos.

El olor de su after shave inundó mi nariz cuando él se acercó, acarreando una seguidilla de agradables momentos en mi mente.

- Buenos días –dijo, esperando a que me acomodase mejor en la cama para poder ofrecerme la bandea.

Rápidamente puse unos cuantos almohadones tras mi espalda, sentándome más erguida y recostada sobre el respaldo de la cama. Recordé que estaba recién despertando, así que recé para que luciera, al menos, lo más presentable posible.

- Buenos días -respondí, extendiendo las manos para sujetar la bandeja y poder ponerla sobre mí regazo-. ¿No deberías estar descansando? –pregunté, mirando cómo Dimitri iba por una de las sillas cercanas a la ventana para aproximarla a mi lado de la cama.

- Ya estoy completamente recuperado. Una buena noche de sueño puede hacer maravillas por un hombre.

- Ya ves. Las mujeres no mienten cuando hablan de necesitar “su sueño reparador”. He visto grandes milagros producidos gracias a eso –dije, mirándolo de reojo al tiempo que inspeccionaba la variedad de donas en mi plato.

Alcancé a ver como una sonrisa aparecía en su cara, haciéndome sonreír a mí a la vez. Mantuve la mirada hacia mi bandeja mientras le escuchaba decir:

- Algo había escuchado al respecto. Ahora no me queda duda acerca de la veracidad del dicho.

Sonreí otra vez. Agarré la taza con ambas manos y me la llevé a los labios.

- Está perfecto- dije una vez que di un trago del aromático café.

- Que bien. Pensé que le había puesto muy poca azúcar – Dimitri miraba hacia mis manos, a la taza de café entre mis dedos.

- ¿Esto lo has preparado tú?- Pregunté, dando unos leves toques con la mano a un costado de la bandeja. Sentí como mis cejas se elevaban, incluso fui consciente del leve tono de sorpresa en mi voz.

- Bueno… -dijo él, viéndose incomodo y risueño a la vez- El café lo preparé yo. Aunque no veo que eso tenga mucho merito, en cualquier caso – Me miró y señaló las donas con un gesto de su barbilla- Las donas se las he encargado a uno de los guardias de Abe que fue hace un rato a la ciudad.

- Vaya… gracias –Le devolví la mirada, sinceramente agradecida-. Este es uno de mis desayunos favoritos –dije, tomando una dona y dándole un gran mordisco.- Mmmm… -suspiré- Nada mejor como una buena dosis de fritura y chocolate para iniciar un buen día.

Dimitri negó con la cabeza, completamente divertido y sonriente

- Tienes un serio problema para diferenciar la comida saludable de la que no lo es.

- La comida saludable no logra hacerme ni la mitad de feliz que un bocado de esto -rebatí, dando otro voraz mordisco. Un par de mordidas más y la dona había desaparecido.

Me llevé los dedos a la boca para quitarme los restos de chocolate y luego me pase la lengua por los labios, por si me había quedado alguna mancha.

Me di cuenta entonces de que Dimitri había seguido cada uno de mis movimientos atentamente. No estaba segura de si él era consciente o no de lo que hacía, pero un sentimiento de satisfacción me inundó.

- ¿Me queda algo en la cara? –me pasé la mano por la barbilla y una de las mejillas para acompañar mi pregunta, ocultando la sonrisa que insistía en tirar de mi boca.

Dimitri se aclaró la garganta antes de responder.

- No, nada – apartó la mirada hacia la ventana.

Seguí el movimiento, no viendo nada en particular.

- Es muy bonita –comentó de la nada.

- ¿Qué?

- La casa –dijo él, regresando la vista hacia mí y luego hacia los diseños de la colcha- Mientras esperaba por las donas aproveché de dar un paseo por los alrededores –volvió a levantar la vista.

- Ya veo –dije sonriendo y mirando hacia las paredes-. Ayer solo pude ver algunas de las habitaciones, pero me parecieron todas muy acogedoras. Me gusta el estilo que Abe tiene para decorar sus casas. La cabaña, por ejemplo, también resultó un muy agradable lugar para alojar- Le estaba mirando a la cara en ese momento, así que pude ver como su semblante se ensombrecía un poco- ¿Qué ocurre?

- En la cabaña yo…

- Dimitri, no – quise interrumpirle, intuyendo hacia donde se dirigía.

- Rose, he cometido tantos errores desde que regresé –dijo. Estaba inclinado hacia adelante, mirándose las manos unidas que mantenía colgando entre sus rodillas-. Uno tras otro… -continuó- En ese tiempo pensé que hacía lo correcto. Que era lo mejor. Que de ese modo evitaría causar daño a los demás. No me sentía capaz de hacer frente a mi vida pasada, de recobrar lo que había dejado atrás.

>>Estaba asustado, Rose – Susurró aún mirando hacia abajo-. Creo… que aún estoy un poco asustado –levantó la cabeza, recorriendo mi rostro con unos ojos tan tristes que mi corazón sufrió por él-. Pero ya no tengo miedo a vivir –dijo con seria intensidad- Ahora temo a las consecuencias de mis actos en las últimas semanas. Temo a lo que yo mismo puede haber forjado en mi empeño por alejarte de mí.

Dejé la bandeja con comida a un lado en la cama y me arrodille sobre el colchón.

Con lentitud alcé una mano y fui acercándola al rostro de Dimitri. Cuando mis dedos por fin rosaron su mejilla, él inclino la cabeza hacia ese contacto como si lo anhelase, cerrando los ojos.

Vi como sus pestañas hacían sombra en sus mejillas, como la luz del sol que llegaba por la ventana se reflejaba en su liso y suave cabello. La forma de su nariz, el ángulo de sus pómulos. Lo cada vez más cerca que estaba mi rostro del suyo.

Me moví con tanta sutileza que él no abrió los ojos sino hasta que estuve a milímetros de sus labios.

Seguí acercándome mientras le devolvía la mirada. Lo miré hasta que acaricié su labio con el mío. Él no se movió, así que volví a rozar sus labios, cerrando mis ojos y permitiéndome vivir solo de la sensación.

Volví a pasar mis labios sobre los suyos y él respondió con la misma ternura con la que yo intentaba besarle.

Todo fue lento y cuidadoso por un momento. Dulces besos, como aleteos de mariposas. Probando, reconociendo. Disfrutando del tiempo y de un reencuentro.

Poco a poco los besos fueron cambiando a algo más ansioso, más necesitado.

Como cuando estas a la orilla de la playa y la marea comienzan a subir. No hay nada que puedas hacer para que retroceda o para que se detenga. Porque el mar, la vida o el amor son fuerzas a las que no puedes combatir.

Sentí como sus manos rodeaban mi cintura y me atraían hacia él. Terminé sentada a horcajadas sobres sus piernas, aferrando el cabello de su nuca con los dedos.

Yo…

- ¿Rose? – tres golpes en la puerta y la voz de Lissa volvió a resonar desde el pasillo- ¿Puedo entrar?

Me separé con calma de los labios de Dimitri. Permanecimos abrazados, mirándonos por algunos segundos más.

Sabía que tenía que abrir la puerta. Que había cosas importantes por hacer durante la mañana pero, no quería dejar ir a Dimitri.

- ¿Rose? –Repitió mi amiga, golpeando nuevamente de un modo suave la madera.

La realidad cayó sobre mí como un manto de responsabilidad. Había cosas que no podían esperar y de las cuales debíamos hacernos cargo. Ya tendríamos tiempo para solucionar lo que tuviésemos que solucionar. Al menos, mi corazón ya bailaba su propia danza de celebración por el avance que acabábamos de experimentar.

Ambos sonreímos y yo regresé a mi puesto debajo de las mantas.

- Pasa Liss –dije, alzando la voz.

Lissa abrió la puerta con rapidez, con un notorio entusiasmo en el rostro que se quedó congelado en cuanto vio que Dimitri estaba en la habitación.

- Oh… -dijo mi amiga, mirando de él hacia mí con una pequeña sonrisa cómplice- Si quieren puedo regresar más tarde… –hizo ademan de sujetar la manilla de la puerta para salir del cuarto.

Era muy consciente de cómo mis mejillas ardían levemente.

- No, Lissa –Le sonreí y le señalé la bandeja a un costado en mi cama- Dimitri me ha traído el desayuno.

- Que agradable detalle –dijo ella, sonriendo hacia Dimitri.

- ¿Quieres una dona? – alcé el plato para que ella viese las que quedaban.

- No, gracias. Ya he desayunado con los chicos –se acercó más a la cama, sonriendo aún-. Además, yo venía a decirte que debes prepararte ya. El interrogatorio comienza en media hora y Abe me pidió que te sacara de la cama.

- ¡Estupendo! –Dejé de lado las mantas, cayendo con un salto sobre el piso-. Estoy deseando ver como el cretino del Cartero no tiene más remedio que darnos la información que necesitamos y que tanto se negaba a entregar.

- Todos esperamos lo mismo –agregó Lissa-. Mientras más pronto obtengamos la información que necesitamos, más pronto podremos deshacernos de él, enviándolo a Tarasov.

Oh. Y yo sí que deseaba eso.

Habíamos visitado la cárcel para Morois y Dhampir descarriados, así que sabíamos de primera mano cómo era la vida al interior del recinto de alta seguridad en donde mantenían a la clase de calaña como el Cartero. Esperaba que a él le asignaran la celda con más ratas del lugar.

Y… bueno. También esperaba que desde nuestra última visita hubiesen mejorado los sistemas de seguridad.

Avancé hacia un ropero frente a la cama con la intención de sacar algunas prendas de ropa para vestirme. Me quedé mirando el espacio vació al interior del mueble y luego me giré hacia Lissa.

- No quiero parecer una pesada, pero… Cuándo salieron del último hospedaje en el que estuve con ustedes, por casualidad, ¿no sacaron mi ropa?

- Hum…- Lissa se vio apenada- Lo siento, Rose. Tuvimos un pequeño percance con algunas maletas. No solo con la tuya – sonrió, disculpándose-. Se me había olvidado ese detalle.

- Esta bien –dije, dando una segunda mirada al ropero vacio. Me lamenté mentalmente al pensar en algunas prendas muy bonitas que había conseguido durante el viaje- Liss, ¿Tienes un par de vaqueros y una camiseta que puedas prestarme?

- Claro –sonrió de un modo alegre-. Vamos a mi habitación para que escojas lo que necesites.

- Gracias.

- Yo voy a ver cómo están los preparativos para salir de aquí una vez que el interrogatorio finalice- dijo Dimitri poniéndose de pie.

- De acuerdo- dije.

Lissa decidió que el árbol fuera de la ventana era realmente interesante, porque comenzó a mirarlo de un modo concentrado, como si se tratara de una extraña obra de arte, girándose de modo que quedaba dándonos la espalda.

Dimitri avanzó hacia la puerta, y en el camino se quedo de pie frente a mí.

- Rose… -parecía a punto de decir algo más, pero finalmente se limitó tan solo a sonreír- Hablaremos luego.

- Bien –sonreí de regreso y lo vi salir por la puerta.



- Me parece que interrumpí algo grande cuando toqué a la puerta- dijo Lissa, dándose la vuelta para mirarme desde la ventana con una sonrisa conocedora.

- No te preocupes. No es nada que no pueda retomarse desde el principio- abrí la puerta alegremente-. Y ahora vamos – señale el pasillo con una mano-, mira que tenemos una cita, y no queremos hacer esperar a nadie, ¿verdad?


domingo, 6 de febrero de 2011

Capitulo 49



Alcancé a Abe a un par de metros en el pasillo. Él tomó mi mano para enganchar mi brazo en torno al suyo.

- Han pasado muchos días y muchas cosas desde la última vez que hablamos –dijo Abe. Yo miraba hacia el frente, pero con la visión periférica podía notar que él si me observaba.

- Así es –contesté.

- Aquí –Mi padre se detuvo frente a la última habitación de extremo contrario del pasillo. Sacó una llave del bolsillo interior de su chaqueta y abrió la puerta con ella. Con un gesto de caballerosidad me hizo pasar primero, para luego seguirme y cerrar la puerta. La habitación estaba casi en penumbras. Iluminada nada más que por la tenue luz de la luna que se filtraba entre las nubes que deambulaban por el cielo.

Abe caminó hacia la ventana, encendiendo unas cuantas luces a su paso. El cuarto era un pequeño y acogedor despacho donde el cuero y la madera eran el factor más notorio de la decoración. Había un par de estanterías con libros de aspecto gastado, un mullido sillón tapizado en cuero y un escritorio de oscura madera veteada, con curvas figuras talladas en el frente.

Levantando una mano, Abe me indicó que tomara asiento en el sillón al tiempo que se aproximaba para sentarse a mi lado.

La habitación estaba un poco más helada que el resto de la casa, seguramente porque era una de las habitaciones a las que no todos tenían acceso.

- Toma esto- Abe me ofreció una manta que colgaba del respaldo del sillón al darse cuenta del pequeño estremecimiento que me había afectado a causa del frio. Se puso de pie y fue hasta un regulador al lado de la puerta. Ajusto la temperatura y regresó a su puesto- En unos minutos estará más cálido. –sonrío mientras me observaba.

- ¿Esta casa también es tuya?

- Si –respondió, mirando a su alrededor- Solía pasar mucho tiempo en esta casa cuando venía a Rusia.

- Es muy bonita –dije, mirando también alrededor.

- Lo es. No es una gran casa, pero siempre que llegaba me hacía pensar en que tenía una verdadera familia que me esperaba al regresar.

Lo miré y vi una pequeña grieta en su armadura de hombre duro. Había en el fondo de sus ojos una cuota de vulnerabilidad que no había visto antes en él.

Alcancé su mano y la estreche con fuerza entre las mías.

- Ey, lo siento –sonreí para quitarle hierro al asunto- Lamento haberte preocupado. Prometo ser una buena niña de hoy en adelante – puse cara de solemnidad y le guiñé un ojo, esperando que sonriera con burla.

- Rose –me regresó el apretón de la mano con cariño- Cuando tu madre me contó que estaba embarazada pensé que… bueno… no pensé en nada. Era un embarazo más entre un Moroi y una Dhampir. Puede que en mi juventud hasta lo haya considerado un aporte a nuestra sociedad. Mi pequeño grano de arena al número de nuestra población –me miró, esperando alguna reacción de mi parte. La verdad es que yo no podía moverme ni un milímetro de mi asiento- Yo amaba a tu madre…-continuó- de hecho, aun creo que la amo, aunque creo que eso es otra historia…

- Definitivamente- dije. No quería escuchar acerca de él, mi madre y su tórrido romance. Demasiada información. No estaba preparada para saber sobre ellos en esos momentos.

- Bueno, aunque la amaba, yo no estaba preparado para hacerme cargo de un bebé –siguió-. Ella tampoco quería dejar su trabajo para establecerse como una dueña de casa. Así que decidimos que cada uno debía tomar su propio camino. Ella seguiría con su ascendente carrera como una de las mejores guardianas y yo me dedicaría a mis negocios.

>>A través de los años nos hemos reunido en varias ocasiones para charlar y recordar viejos tiempo –sonrío de un modo soñador y pícaro que me hizo enrojecer. Se quedó un momento así y luego recobró el hilo de sus pensamientos-. Ella siempre me contaba como ibas progresando. Desde que eras una bebé, al momento en que entraste en la academia San Vladimir. Tu madre se sentía algo culpable por no poder pasar todo el tiempo que ella quería contigo. Ella sabía que tú deseabas estar con ella, pero los tiempos en los que vivimos, la disminución de la población Moroi y Dhampir, es un asunto del cual no podía desligarse. Tu madre es una mujer responsable que siempre espera hacer lo mejor para todos.

Yo sabía que Abe tenía razón. Los problemas con mi madre se habían solucionado un poco en los últimos años. Yo había comenzado a comprender la importancia y el valor del esfuerzo de mi madre. La legendaria Janine Hathaway.

- Yo no estaba interesado en presentarme ante ti –continuó Abe- Yo escuchaba siempre con atención lo que tu madre decía, pero no sentí un real vinculo entre nosotros sino hasta el momento en que escapaste de la academia.- Sonrío otra vez, pero en esta ocasión su sonrisa fue cómplice y llena de diversión- Oh… -meneó la cabeza, divertido- tu madre estaba vuelta loca en esos meses. Hizo uso de todos sus contactos para localizarte. Me lo pidió también a  mí, pero le dije que eras como una sombra inlacanzable para mí en América. Una mentira que pareció creerse, o al menos, fingió que así lo hacía.

Lo miré con los ojos como platos.

- ¿Tú sabías donde estábamos Lissa y yo?- pregunté después de un instante.

Abe elevó un ceja, de modo burlón.

- Por supuesto. Todo el tiempo las tuve vigiladas – seguía sonriendo- Cuando te escapaste puede sentir que en ti vivía ese espíritu rebelde y libre que siempre me ha guiado. Sentí que realmente eras mi hija. No un asunto meramente biológico, sino que emocional. Desde ese momento te he seguido la pista.

- Sabes que eso podría considerarse acoso –dije, molesta al pensar en las cosas que pudo haber visto.

- Y luego cuando nos conocimos personalmente – movió la cabeza, con una sonrisa torcida en los labios, sin tomar importancia a lo del acoso-… en ese momento quedó completamente claro para mí. La misma determinación y testarudez. Características que no solamente heredaste de mí, sino también de tu madre.

Estaba tan sorprendida por el tumbo de nuestra conversación. Jamás se me había pasado por la mente que íbamos a tener esta clase de “momento sincero” Abe y yo.

- Te has convertido en una persona muy especial para mí, Rose Hathaway. Es increíble como logras meterte en el corazón de la gente a pesar de ser un constante dolor de cabeza.

Estiré los brazos en un arranque de ternura y lo abracé con fuerza.

- Creo que yo también te quiero, viejo.

Permanecimos abrazados unos cuantos segundos más antes de que Abe me apartara con cuidado.

- Esto ha sido solo porque estoy con la guardia baja. No soy la clase de Moroir que va por la vida dando discursos al estilo “abre tu corazón”.

- De acuerdo, tipo duro.

- Bien -dijo él.

- Bien -dije yo.

Nos quedamos mirando el uno al otro. Una pequeña risa salió de mis labios. Luego otra de los de él. Al final terminamos riendo a carcajadas como un par de locos. Un ataque de risa múltiple en toda regla. Reímos hasta que las lágrimas cayeron de nuestros ojos y poco a poco fuimos recobrando el control.

- De esto tampoco diremos nada a nadie –dijo Abe.

- Ni una sola maldita palabra.


Hablamos de muchas otras cosas; de su viaje, de cómo seguían las cosas en América. Él preguntó acerca de lo ocurrido antes de que me capturaran. Le conté acerca de Alexader y Jill, y todo el asunto de la verdadera identidad del segundo Dragomir; Hablamos de cómo Sonya también había regresado; y como Víctor y Robert habían terminado viviendo con nosotros.

Le conté también algunas de las cosas que habían sucedido en mis días de Strigoi.

Al final fue mi turno de preguntar.

- ¿Qué vamos a hacer con el Cartero? Vi como lo metían en unas de las camionetas cuando me rescataron de su mansión.

- Por el momento lo tenemos encerrado en una de las habitaciones de la planta baja. Hay que lograr que revele el nombre de sus secuaces al interior de la Corte Real antes de que regresemos a América, de ese modo podremos planear como desmontar todo su plan de cambios de realeza y saber de una vez por todas quien es el verdadero acecino de Tatiana.

Tenía razón. Habíamos pasado demasiados días en Rusia. Tantos que la fecha para escoger a un nuevo Rey o Reina estaba a la vuelta de la esquina.

- ¿Qué hay de la gente del Cartero?- pregunté al recordar la gran influencia y poder que el Moroi manejaba.

- El Cartero controlaba a sus Dhampirs y Morois a fuerza de miedo mediante su gran numero de aliados Strigoi. Ahora que lo tenemos cautivo, sus Dhampirs y Morois se han dispersado, sin ninguna muestra de querer recuperar a su líder. En cuanto a los Strigois, ellos terminaran matándose unos a otros, intentado apoderarse de la fortuna del Cartero – Miró hacia una de las paredes y continuó- En algún momento uno de ellos lo logrará, y será un gran problema para eliminar, pero por ahora lo más importante es solucionar todo lo relacionado con la Corte y con las acusaciones de asesinato en contra de ustedes.

Abe nuevamente tenía razón. Lo más importante era solucionar los problemas que en el inicio nos habían llevado hasta allí.

- ¿Cuándo regresamos a América entonces?

- Voy a preparar todo para poder partir de aquí mañana al medio día, después de interrogar al Cartero.

Asentí con la cabeza en aprobación, y luego le dije, retomando nuestro tema inicial.

- Gracias por preocuparte por mí –esperaba poder transmitirle cuán importante era para mí sentir que de verdad de le importaba.

- No tienes nada que agradecer. Soy yo el que agrádese poder tener la oportunidad de poder preocuparme por ti –Se inclinó hacia mí y besó mi frente- Ahora, salgamos de aquí- dijo apartándose y poniéndose de pie. Extendió una mano y me ayudó a levantarme- Yo tengo cosas que arreglar y tú aún tienes que descansar.




Salimos del despacho y Abe me llevó hasta mi habitación. No se quedó tranquilo hasta verme recostada sobre la cama, y bien cubierta por un montón de mantas.

- Descansa, Rose- dijo ya en la puerta de la habitación-. Mañana nos espera un largo día – Apagó la luz y cerró la puerta, dejando mi cuarto iluminado solo por los mismos rayos que habían atravesado la ventana del despacho, antes de que encendiera las lámparas.


Me quedé de espaldas sobre la cama, escuchando el ruido de pasos y de gente moviéndose en el resto de la casa.  Cerré los ojos, sintiendo como el aire pasaba por mi nariz. Decidí aguantar la respiración hasta que ya no pude resistir más la falta de aire.

Fui feliz al probar cuanto necesitaba respirar.

Yo necesitaba aire para vivir. Yo estaba viva.

Me puse en posición fetal, mirando hacia la ventana. Una sonrisa en mis labios.

Estaba tan feliz: Por estar viva. Por tener una segunda oportunidad. Por el día maravilloso que había tenido desde mí regreso gracias a mis amigos, a mi padre y a Dimitri.

-Dimitri… –dije en un murmuro.

Suspiré y me abracé a una almohada.

Yo estaba viva y no iba a perder más tiempo. Porque cuando una chica regresa de la No-Muerte no puede quedarse sin hacer nada respecto a su futuro, sueños y metas.

Y una chica que sabe lo que quiere… Esa chica menos.

Volví a cerrar los ojos y esta vez estaba mucho más feliz conmigo misma; con una decisión tomada y con una muy aceptable vida por delante.

Bueno… una muy aceptable vida por delante siempre y cuando todo se solucionase al regresar a América.